El Gé, una experiencia transformadora

El teatro es transformador, ilustrador, es enseñanza… También, por qué no, puro entretenimiento. El teatro es guía, es ficción, es realidad, es magia. Pero el teatro, sobre todo, ha sido y es el espejo donde todos podemos mirarnos y preguntarnos sobre aquello que nos despierta como espectadores y como implicados, como víctimas y verdugos del conflicto que tenemos ante nuestros ojos, como banales voyeurs o como socialmente comprometidos.

Este artículo era para hablaros de ‘El Gé’, el monólogo de Emmanuel de Martino que defiende en la soledad el grandísimo Avelino Piedad, que ya nos deslumbró ‘En tierra extraña’. Pero después de ver la función, creo que este artículo es para hablaros de ‘El Gé’ y de Avelino.

‘El Gé’ cuenta la historia de esa terrible lacra llamada chemsex, que de unos años a esta parte está haciendo mella en grandes sectores de la población joven y no tan joven, gay y no solo gay, de las grandes ciudades del mundo. Esa moda destructiva que va entrando en la vida de los jóvenes disfrazada de ocio, divertimento, aventura y placer y que, poco a poco, va terminando con la autoestima, la salud, las parejas, la familia y el trabajo de casi todos los que no logran salir de ahí.

Las aplicaciones de contactos, la facilidad para conseguir drogas de diseño en cualquier formato y en cualquier lugar, la inmensa falta de autoestima de los que lo tenemos todo y no nos conformamos con nada, esa falsa idea de que tras una bragueta solo hay sexo y no una persona… Esa terrible nueva costumbre de tratarnos como a trozos de carne a nosotros mismos y a los demás, se disfraza de locura, largas noches de sexo o de intento de sexo y de una búsqueda ciega y enloquecida del gran polvo que nunca llega. Y mientras tanto, jóvenes perdidos, maduros entregados, parejas rotas, soledades eternas y enfermedades de todo tipo, muchas, y no solo físicas y tratables.

El texto es inteligente y simple, directo y concreto, quienes saben de qué se habla, se identifican con cada detalle, el que no lo sabe, se pone ante este espejo de la tremenda soledad en busca de la compañía a cualquier precio y de la insatisfacción en busca del placer de cualquier manera.

Y aquí llega Avelino Piedad que, desde el principio, te recibe como si entraras en un chill en su casa a altas horas de la madrugada, con una naturalidad, una valentía y un talento indiscutibles. Él tiene lo que poseen los grandes, hacer fácil lo difícil, posible lo imposible, cercano lo más duro y distanciado de uno mismo. En su habitación hay un joven que no consigue dormir por el colocón que lleva, que sigue buscando el mejor hombre de la noche que aún no ha aparecido, ni aparecerá probablemente, que sigue consumiendo pese a tener que trabajar al día siguiente y tener una alarma que se lo recuerda constantemente, porque no puede parar. Parar ante la droga, parar ante la soledad, parar ante el bucle con fuerza de huracán infinito en el que nos hemos metido sectores de esta sociedad que lo tiene todo a mano y ha dejado de valorar lo auténtico y lo sencillo, de disfrutar de una manera natural de lo conseguido y del placer de mantener lo conseguido con la sabiduría de lo que te enseñan esas pequeñas cosas.

El pozo infinito en el que Avelino Piedad nos invita a asomarnos en ‘El Gé’ es oscuro, muy oscuro. Lo que cuenta es sobrecogedor, lo que vemos en ese espejo es lo que no quisiéramos ver nunca pero que ahí está, te llena de preguntas sin respuestas, de condenados sin posible juicio, de víctimas con un solo verdugo disfrazado de diferentes nombres y en diferentes paquetes.

Ojalá este espejo que es el teatro, y este pequeño espejo llamado ‘El Gé’, permita que muchos de los que se asomen tomen conciencia, al menos, de la gravedad y la profundidad de lo que creemos un juego que no nos lleva a ninguna parte más que estar cada vez más hundidos en la oscuridad que tratamos de evitar, en la soledad de la que huimos histéricamente y de la falta de placer que somos incapaces de ver en lo que ya tenemos.

Excelente trabajo de Avelino Piedad de nuevo, excelente texto de Emmanuel de Martino y un más que aconsejable espectáculo para que veáis allá donde vayan con su próxima gira nacional.

¿Tengo que tomar tanto para ‘ser’?

Actor: Avelino Piedad

Dramaturgia y dirección: Emmanuel de Martino.

Asistente: Marina Thomas.

Fotografía: Jesús Mayorga.

Producción ejecutiva: Diego Rodríguez.

La Escalera de Jacob (c/ Lavapies, 9. Madrid)

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Actor, cantante y ocasionalmente escritor. He desarrollado una amplísima carrera en la televisión, el cine, y sobre todo en el teatro musical participando en producciones como ‘Mamma Mía’,  ‘Antoine’, ‘Amar en tiempos revueltos’ o ‘Cuéntame cómo pasó’. Actualmente actuando en el musical ‘El Médico’.

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