Alberto Velasco se desnuda en Sweet Dreams

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Sweet Dreams: una terapia emocional valiente y arriesgada

Dicen que es una penitencia pop, pero yo digo que además es una terapia teatral. Realidad o ficción, o mitad y mitad (en realidad daría igual). Alberto Velasco se lanza a desnudarse y a filosofar desde la desnudez del alma con todo aquel que quiera ir a escucharle en este unipersonal llamado ‘Sweet Dreams’. El título es un homenaje al famosísimo tema ochentero del dúo Eurythmics, con la desaparecida y eterna Annie Lennox al frente. Pero el tema, o mejor dicho, la historia que su letra cuenta, no es más que un pretexto para que un joven nacido en los años 80 en un Valladolid más dormido que el resto del país nos haga saber que lo suyo no fue fácil. Y el que escribe es un vallisoletano nacido en los años 60, así que de eso “entiende” un poco.

La primera imagen con la que nos impacta en ‘Sweet Dreams’ es una diabólica mezcla de cofrade de Semana Santa con dominatrix o ritualista de BDSM. El cordero de Dios que “quita el pecado del mundo” es pisoteado, lanzado y colgado como viejo telón, que después compartirá protagonismo con una foto del bebé Alberto Velasco, ese bebé que, como todos, no imaginaba todo lo que estaría por venir. Un recorrido en el que Alberto nos hace imaginar que la suya fue una historia dura de bullying, de dedos acusadores, de cabezas volteándose y risas humillantes, de incomprensión en los entornos más cercanos y de cómo uno puede redimirse de todo eso con una pasión como la de la música o un oficio como el del teatro.

Yo diría que ‘Sweet Dreams’ es una terapia emocional disfrazada de monólogo. Nos cuenta la historia de Alberto, pero podría contarnos la de cualquier chico de provincia que se diferencia del resto por su sexualidad, por su físico, por sus formas, por sus tendencias o por lo que fuera.

Ser diferente es pecado mortal primero en las aulas y luego en las calles.

Se escucha mucho la palabra química, droga, y cómo lo que nos hacen sentir es tan real como la dicha en sí misma, porque el cerebro se deja y quiere dejarse engañar. Las drogas que, por un tiempo, parecen hacerte feliz y poderoso, y que luego terminan destrozándote por completo, física, emocional y espiritualmente. No hay quien se libre de eso, por eso contarlo en tiempo pasado habla de lo valiente que es Alberto Velasco o cualquier otro Alberto de cualquier otro Valladolid.

Un Alberto que se plantea si después de todo uno es feliz creyéndose estar cerca de lo que una vez soñó ser, y que se sorprende de las respuestas al preguntárselo a gente querida y a él mismo.

Un Alberto que se pregunta, o mejor dicho, se convence de que ser feliz es lo más trasgresor que ha hecho. Preciosa realidad y preciosa reflexión.

La obra tiene momentos deliciosos, nunca mejor dicho, como la receta del bizcocho terapéutico, que nos hace reírnos de nosotros mismos y del papel que jugamos en este juego ridículo al que llamamos redes sociales y que todos alimentamos, como un monstruo de siete cabezas.

También el de ese payaso histriónico que ríe tanto que pareciera llorar, acompañado por la bella música francesa como canción de cuna.

En ‘Sweet Dreams’ te sorprendes, te ríes y reflexionas.

En ‘Sweet Dreams’ te haces las mismas preguntas que se hace Alberto Velasco, pero no con tanta valentía, con tanto riesgo y con tanta exposición como él, aunque estoy seguro de que, si alguien se tomó el trabajo de contestarse desde la sinceridad y la humildad, cualidades tan difíciles de conseguir, se daría cuenta de que no somos tan diferentes a él y que su problemática es muy mucho la nuestra y sus vacíos y sus angustias también.

‘Sweet Dreams’ ha terminado su periplo en Nave 73 de Madrid con un gran éxito y está cogiendo fondo para su vuelta a la capital y la gira que le espera por delante.

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Actor, cantante y ocasionalmente escritor. He desarrollado una amplísima carrera en la televisión, el cine, y sobre todo en el teatro musical participando en producciones como ‘Mamma Mía’,  ‘Antoine’, ‘Amar en tiempos revueltos’ o ‘Cuéntame cómo pasó’. Actualmente actuando en el musical ‘El Médico’.

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