Oscar Martínez, talento magistral

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Oscar Martínez triunfa en los cines junto a Antonio Banderas y Penélope Cruz en ‘Competencia Oficial’

Oscar Martínez, uno de los actores iberoamericanos más relevantes de los últimos tiempos, tuvo un encuentro cercano con actores y admiradores hace unos días en la escuela de Blanca Oteyza. El encuentro se alargó por más de dos horas y media y, en él, el actor hizo un repaso de su vida, de su carrera y atendió a muchas preguntas de los que tuvimos la suerte de compartir ese encuentro con él. Aquí algunas de las reflexiones que el gran Martínez nos regaló en esa charla amenizada por la actriz y profesora Blanca Oteyza en la escuela que lleva su nombre. Estar cerca de un maestro siempre es una lección.

Nació en Buenos Aires en 1949. Es actor y director. El año pasado recibió el Premio Konex por su trayectoria como actor de cine en la última década. Tiene el premio Mejor actor del festival Internacional de San Sebastián por ‘El Nido Vacío’, varios premios Cóndor de Plata, es académico de la Academia Argentina de letras, y sus títulos en televisión, teatro y cine serían rótulos de cualquier cartelera de primer nivel.

Actualmente está en las salas de cine con ‘Competencia Oficial’, junto a los archifamosos Antonio Banderas y Penélope Cruz.

Óscar Martínez lleva casi 2 años instalado en España, aunque en gran medida, según él mismo dice, por culpa de la pandemia.

Os dejamos, a continuación, algunas de sus respuestas y reflexiones sobre las que se habló en la charla.

Mis inicios:

Oscar Martínez: A los 7 u 8 años involucré a mis primos, que construían los telares, para hacer teatro en el patio de nuestra abuela, aunque fue a eso de las 17 cuando sentí “la llamada”.

En esos teatrillos invertía toda mi semana escribiendo lo que serían los pequeños libretos, en servilletas de pizzería.

Desde la infancia absoluta tuve un don para la imitación que aún hoy sigo conservando y explotando en la intimidad para diversión de propios y extraños.

Mi adolescencia:

Oscar Martínez: En un verano, en una ciudad balnearia, utilicé la paga semanal para comprar dos entradas y entrar al teatro. Me acompañó mi hermana y vi a dos actores que marcaron mi vida para siempre, Osvaldo Miranda y Ernesto Bianco. Yo llamo “epifanía” a lo que me ocurrió, casi una revelación. Sentí que el cuerpo me impulsaba a saltar al escenario con ellos, que eso era lo que definitivamente quería hacer.

Mi juventud:

Oscar Martínez: No fue sencillo comunicar en mi casa lo que deseaba, pero comencé a estudiar. Hace casi medio siglo aquello era algo muy mal visto. Aparte del conservatorio, descubrí una escuela de arte infantil donde se estudiaba por las tardes. Allí estaba, por ejemplo, Marilina Ross.

Me fascinaba ver el cine de los años 40 y 50 y lo que hacían los actores en la pantalla.

El actor que llevo dentro:

Oscar Martínez: Siempre he tenido una manera diferente de observar el comportamiento del mundo de los adultos, yo no me quedaba con lo que veía, intentaba ir mucho más allá. En cualquier situación observaba lo que ocurría e intentaba meterme en la cabeza de cada uno de los que eran observados. Y me daba cuenta de que había cosas importantes que iban más allá de lo que “se decía”. Eso fue un hábito que empecé a aplicar cotidianamente y cada vez me fascinaba más.

Mi aprendizaje:

Oscar Martínez: Las primeras escuelas en las que caí eran como un catálogo de todo lo que no hay que hacer. Se trabajaba únicamente desde “el decir”. Pero apareció un grupo de gente extraordinariamente joven, Gandolfo, Fernández, Alesso, Gené, que provenían de la escuela rumana, los maestros del este, y estudiaron con discípulos directos de Stanislavski, de ese método de formación salió gente como Héctor Alterio, Federico Luppi o Norma Aleandro, y a nivel pedagógico lo transformó todo. Ellos fueron los que ocupaban el puesto del teatro comercial barato que iba cayendo. Toda una revolución.

Me enteré que había un bar, ‘La cultural’, donde se reunía gente de teatro y los citados se dejaban caer por allá. Y yo empecé a ir. Los estudiantes íbamos a ver mucho teatro, fundamentalmente ‘off’, pero veíamos todo, desde la comedia más absurda al Music Hall más pedorro.

Me acerqué muy especialmente a Juan Carlos Gené, sus clases eran soberbias. Era muy riguroso y muy claro conceptualmente y sus clases muy reducidas. Con él aprendí lo que era trabajar desde dentro y no desde fuera. El sentido de la verdad, la organicidad. Después de cada ejercicio te preguntaba: ¿Lo entendió? ¿Pero lo entendió con el cuerpo? Entonces, ¡Hágalo!

El teatro:

Oscar Martínez: Ha sido prácticamente mi vida, ahí he conseguido mis mejores y mayores éxitos y gracias a él he podido vivir dignamente muchos trechos de mi vida. Para hacer teatro hace falta mucho método, porque tienes que intentar estar bien todos los días, aunque tú no lo estés y tu entorno no te ayude en absoluto. Digamos que ha sido el 80% de mi carrera.

La letra en una obra no es “lo que ocurre”, es lo que tienes que trabajar, es una consecuencia. La expresión debe venir después. La técnica lo es todo.

He hecho tanto teatro que he hecho de Amadeus Mozart y, 30 años después, de Salieri.

El cine:

Oscar Martínez: En el cine hay figuras de primerísimo nivel que nunca se han formado, autodidactas con una naturalidad tal que se les perdona (casi) todo (evidentemente son contadísimas excepciones). El problema es que muchos, sobre todo los jóvenes, confunden naturalidad con naturalismo, y no es lo mismo.

Los actores con técnica también brillan especialmente en el cine. De ahí la fama de los actores y actrices argentinas y su forma de hacer. En las ruedas de prensa que he hecho junto Antonio Banderas y Penélope Cruz con nuestra película siempre es algo que los periodistas me han preguntado, y todo se lo debemos a aquellos que empezaron siendo autodidactas y terminaron desarrollando todo un método de trabajo.

Yo conocí a Strasberg, le vi dar clases y le llevé a dar clases a la Argentina. Apenas hay bibliografía directa de su método del Actors Studio, hay libros recopilados por sus alumnos y colaboradores. Su método desarmó todo lo que habíamos aprendido.

Actuar, para mí, es entrar en una realidad imaginaria, asumiendo un comportamiento y una identidad que no es la propia y entregarse a ella con todo lo que uno es. Por más implicado que uno esté, nunca debe olvidarse que está jugando, que no debe ser un enajenamiento.

Un actor debe tener cuidado de creer que “lo hizo muy bien porque lloró”.

La actuación es como un partido de tenis, no puedes quedarte en una jugada que salió mal porque enseguida viene la otra. Actuar es un juego, si te llevas el personaje a casa deberías ir a un buen psiquiatra.

A mí la actuación me salvó. Aunque sufrir voluntariamente sea algo esquizoide, a mí, me salvó.

Tenemos mucho de narcisistas y de exhibicionistas, pero todo está sublimado en post del arte.

Me lancé a actuar en español por mi propia cuenta, con el único asesoramiento de Inma Cuesta y mi directora. En España alabaron mi trabajo y en Argentina dijeron que hacía fatal el acento español. Será que allí saben más sobre lo que es hacer bien el acento español. Así de expuestos estamos.

Sin embargo en teatro no me animaría a hacerlo.

Hasta que hice ‘Relatos Salvajes’ en 2013 yo filmaba una película cada mucho tiempo. Pero llegó a mi vida ‘Ciudadano Ilustre’, que tras muchos intentos por fin se puso en pie. El director dijo que ese papel estaba construido para mí, y yo pensé ¿Pero quién se habrá creído que es este tipo para pensar que sabe tanto de mí?

Con las tres primeras páginas me quedó claro, me veía en cada palabra.

Me ha costado mucho tiempo encontrarle “el gusto” a hacer cine. Las esperas de iluminación, por ejemplo, eran eternas, ahora gracias a la digitalización eso ha cambiado y se puede dedicar más tiempo al trabajo de los actores.

La experiencia de trabajar con Penélope Cruz y Antonio Banderas ha sido excelente, de hecho, hace poco estuve en la casa de Antonio para conocer su teatro Soho de Málaga y ver Company. De esas charlas y encuentros hay un proyecto a la vista del que no puedo hablar, pero que nos tiene a ambos muy ilusionados. Que Antonio Banderas te diga, ante una idea tuya, “yo quiero hacer eso y quiero hacerlo contigo” es un orgullo. El tiempo ahora lo marcarán las agendas.

Haber ganado la Copa Volpi en Venecia como mejor actor gracias a una película tan pequeña como ‘Ciudadano ilustre’ y que costó tanto trabajo sacar adelante me llena de orgullo. He sido el segundo actor en lengua castellana en ganarla y el primer argentino. Siento que me he sacado un poco la espinita del cine.

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Actor, cantante y ocasionalmente escritor. He desarrollado una amplísima carrera en la televisión, el cine, y sobre todo en el teatro musical participando en producciones como ‘Mamma Mía’,  ‘Antoine’, ‘Amar en tiempos revueltos’ o ‘Cuéntame cómo pasó’. Actualmente actuando en el musical ‘El Médico’.

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