Concha Velasco regresa por fin a Madrid con ‘La habitación de María’, un monólogo escrito por su hijo Manuel M. Velasco y dirigido por José Carlos Plaza que desde ayer 21 de octubre se puede disfrutar en el Teatro Reina Victoria hasta el 24 de enero.

En esta ocasión, Concha Velasco interpreta el papel de Isabel Chacón, una célebre escritora ganadora del Premio Planeta que padece agorafobia y que vive encerrada en su apartamento de un rascacielos desde hace 43 años.

Su figura es todo un misterio para los seguidores de la escritora y en su 80 cumpleaños ella continúa celebrando en soledad, en su casa, en la planta 47. Esa noche se produce un incendio y todos los inquilinos son obligados a evacuar el inmueble. Pero para Isabel esto es imposible, sencillamente porque no puede salir de casa.

A medida que las llamas van llegando a la azotea, exactamente durante los 75 minutos que dura la función, Isabel tendrá que tomar la decisión más importante de su vida afrontando con un inteligente sentido del humor sus miedos, sus fantasmas, y todos los traumas de su vida que le han llevado a esta encrucijada, antes de que sea demasiado tarde.

En ‘La habitación de María’ Concha Velasco vuelve a ponerse a las órdenes de José Carlos Plaza en este monólogo que aborda la soledad con grandes dosis de humor. Se trata de la sexta vez que trabajan juntos tras obras inolvidables como ‘Carmen’ (1988), ‘La Rosa tatuada’ (1997), el musical de ‘Broadway: Hello Dolly!’ (2001), ‘Hécuba’ en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida (2013) y ‘Olivia y Eugenio’ (2014).

Además, esta es la segunda colaboración de madre e hijo sobre las tablas, tras ‘El funeral’, que finalizó su gira en marzo de 2020.

Para ello, Manuel Martínez Velasco nos sumerge en esta obra con sus propias palabra y a través de una visión muy personal de lo que el espectador tendrá la suerte de encontrar.

La habitación de María es el texto más personal que he escrito nunca. Es una mirada hacia dentro, es ponerse delante del espejo y que éste haga un viaje contigo mismo y te enseñe cómo eras, eres y serás. Mis autores favoritos dicen que hay que escribir sobre lo que sabes, y de lo que más creo que sé es de la obligación autoimpuesta de cumplir con todo lo que los demás esperan de ti; te pase lo que te pase ese día, ese mes o ese año.

Crecí yendo a ensayos de obras maravillosas que protagonizaba mi madre, Concha Velasco, y que dirigía mi admirado José Carlos Plaza. Esta obra está escrita para ella, porque solo ella podría interpretar a Isabel Chacón y solo él podría dirigir este torrente de emociones, pues yo necesitaba alejarme del lienzo para contemplarlo con perspectiva.

Ella es la mejor y él es el mejor. Es el tándem perfecto y con él se cierra un precioso círculo, pues que Plaza dirija un texto mío es un regalo de la vida. Y que mi madre vuelva a recitar mis líneas sobre su reino, las tablas, es otro tesoro que guardaré para siempre. Para ellos significa mucho: obra a obra, proyecto tras proyecto, la vida pasa y ha pasado, y por fin se reencuentran en un escenario. Me siento muy orgulloso de haberlo propiciado con mi humilde libreto.

La habitación de María habla, en clave de dramedia optimista, de la VIDA, en mayúsculas. De amor, de felicidad, de tristeza, de vitalidad, de soledad, de angustia y de liberación. También es un thriller de catástrofes, pues las llamas avanzan incontroladas hacia Isabel, como cuenta atrás vital para que salga de ella misma antes de que todo sea ceniza.
No puedo estarle más agradecido a los genios de Velasco y Plaza por haber confiado en mí, y a Pentación, una vez más, poniendo a nuestra disposición toda su fuerza con su infatigable equipo.

Y también, sobre todo, gracias a ustedes, espectadores, sin los que nosotros no somos nada. Esperamos que este conglomerado de emociones les cale tanto el alma como nos ha calado a nosotros mientras preparábamos con todo cariño La habitación de María.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario