Desde mañana el Teatre Goya de la capital catalana será el escenario en el que poder disfrutar de ‘Cinco horas con Mario’, obra basada en la novela homónima de Miguel Delibes que será interpretada por Lola Herrera y dirigida por Josefina Molina.

En el centenario del nacimiento del novelista español, la representación relata una de las obras narrativas contemporáneas más importantes de Delibes. ‘Cinco horas con Mario’ se llevó a escena por primera vez en el Teatro Marquina de Madrid en 1979, donde por entonces Lola Herrera daba vida a Carmen Sotillo. Casi cuarenta años más tarde la actriz vuelve a interpretar el mismo papel de miércoles a domingos en el Teatre Goya de Barcelona, y hasta el próximo 15 de octubre,

Con José Sámago y Jesús Cimarro al frente, respectivamente, la producción corre a cargo de Sabre Producciones y Pentación Espectáculos.

 

Sobre Cinco horas con Mario

En marzo de 1966, Carmen Sotillo acaba de perder a su marido Mario de forma inesperada. Una vez que las visitas y la familia se han retirado, ella sola vela durante la última noche el cadáver de su marido e inicia con él un monólogo-diálogo en el que descubrimos sus personalidades y los conflictos de su matrimonio.

Con una forma entrecortada, detallista al mínimo, reiterativa y llena de tópicos, Carmen Sotillo dice cosas, manifiesta sentimientos y emite juicios, que hoy nos pueden parecer del todo increíbles. Pero damos fe de que ese lenguaje existía, de que esos juicios se emitían, de que esas “cosas” de Carmen estaban entonces en la vida de todos los días.

‘Cinco horas con Mario’ es, entre otras muchas cosas, un documento vivo de esos años sesenta. De las preocupaciones económicas, religiosas, políticas, sexuales y morales entonces imperantes que Delibes, a través del lenguaje de su protagonista, dejó retratadas con nitidez, de forma que la vida española de entonces llega a palpitar viva en sus palabras. Pero, por encima de todo esto, ‘Cinco horas con Mario’ nos habla de los asuntos eternos del ser humano: de la culpa, de la soledad, de la incomunicación, del sentido de la vida.

Como siempre en Delibes partiendo de un localismo concreto encarna en sus personajes y en sus conflictos las realidades más profundas y complejas que condicionan nuestra vida.

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