100 años del descubrimiento de la entrada a la tumba de Tutankamón

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Hace 100 años en Egipto, el arqueólogo inglés Howard Carter “encuentra” la entrada a la tumba del faraón Tutankamón en el Valle de los Reyes, a la que accederá junto al mecenas británico que financió la excavación, lord Carnarvon, el día 26 de ese mismo mes.

La historia del descubrimiento de un lugar sagrado donde la leyenda, el misterio y la espectacularidad se dan la mano. Pero, no nos dejaremos llevar por las exageraciones o las leyendas, así que primero empecemos por la historia tal y como nos la contaron en su día:

Relato originario – primera versión

El 4 de noviembre de 1922, el Valle de los Reyes, en Luxor, fue testigo de un hecho extraordinario: el  descubrimiento de la entrada a la tumba intacta del “faraón niño” Tutankamón, hijo del faraón Akenatón (el primer monarca monoteísta de la historia), que estuvo sumido en las tinieblas unos tres mil trescientos años. Tutankamón era un faraón prácticamente desconocido, que ascendió al trono con 8 o 9 años y falleció prematuramente a los 19. La pequeña tumba de unos 110 metros cuadrados es conocida como KV62.

La única tumba de un faraón egipcio que no había sido totalmente saqueada donde encontraron 5.398 objetos apilados del ajuar funerario. El vendaje de lino de la propia momia, ocultaba 150 collares, brazaletes, anillos… Y hasta una daga “extraterrestre”, hecha con metal de un meteorito. El hallazgo de la entrada y, poco después, el tesoro del templo mortuorio del joven faraón elevó a la gloria al egiptólogo y buscador de tesoros británico Howard Carter, restableciendo el interés del mundo occidental por la egiptología.

Anotación del 4 de noviembre en el diario de excavación de Howard Carter que titula, “Primeros pasos de la tumba encontrados”

El feliz encuentro fue narrado así por Carter en el primer tomo de sus memorias: “Al llegar al trabajo aquella mañana, percibí un silencio inusual. La excavación se había detenido y fui consciente de que algo extraordinario había sucedido. Me recibieron con la noticia de que un escalón cortado en la roca había sido descubierto bajo tierra. Me pareció demasiado bueno para resultar cierto, pero una limpieza superficial bastó para desvelar que estábamos en la entrada a una escalera tallada en la piedra, a unos 13 pies por debajo del acceso a la tumba de Ramsés VI (KV35), y con una profundidad similar al nivel actual del Valle. El corte era el de unos escalones comunes en el Valle. Estaba casi seguro de que, al fin, habíamos encontrado nuestra tumba. Durante aquella jornada y la siguiente, un ejército de obreros se afanó en retirar la tierra dejando expeditos los 16 peldaños…”

En los hechos oficiales no se hablaba en ningún momento del descubridor y eso que Carter era muy dado a inventar simpáticas historias en las que atribuía los descubrimientos a unos curiosos protagonistas como un burro, o un canario suyo que llevaba a todas partes, y que pocos días antes de encontrar las escaleras fue devorado por una cobra.

Husein Abdel Rasul – segunda versión

Pero, años después, nos cuentan que el verdadero descubridor fue Husein Abdel Rasul, un muchacho de apenas 10 años de edad y aguador de la expedición.

Gracias a la fuente que acreditó la edición germana del libro de Hoving (su agente publicitario), Carter no confesó la anécdota del niño hasta dos años después, en 1924. En él, Hoving reveló que Carter se lo habría contado en privado, no en público.

Asimismo, en unas memorias inéditas de Lee Keedick, el agente de Carter en Norteamérica en los años 20, ratificó que Carter, en privado, también le reconoció la realidad de lo sucedido, y que fue el niño quien encontró aquel primer escalón.

El niño era hijo de uno de los capataces que trabajaban a las órdenes de Carter en la búsqueda, y trabajaba llevando agua en dos tinajas y a lomos de un burro al equipo de la excavación.

El nieto del pequeño descubridor, Mohamed Abdel Rasul, regenta un pequeño café/museo a las puertas del Ramesseum de la necrópolis de Tebas, (templo  mortuorio que mandó erigir el faraón Ramsés II). Proclamó que su abuelo, de manera fortuita, lo encontró: ese día, mientras llevaba las tinajas de agua se tropezó con una piedra que resultó ser el comienzo de una escalinata. Tras la sorpresa, la tapó de nuevo y salió corriendo a buscar a Carter. Algunos dicen que estaba jugando, y según cuentan otros, removiendo la arena ¡Ya empezamos con el lío!

Husein declaró, ya anciano, en una entrevista a Associated Press, refiriéndose a su participación en aquella expedición, “El señor Carter me permitió llevar el collar. Era un hombre estupendo”, “Ni mi padre ni Carter me explicaron entonces lo que se había hallado pero yo supe que era algo grande porque inmediatamente la policía rodeó la tumba”.

La famosa fotografía del niño con el amuleto real, retratado por Harry Burton en 1926, conocido como “niño aguador” donde luce el famoso collar de oro de Tutankamón con un gran escarabajo bajo un disco solar de lapislázuli e incrustaciones de turquesa, cornalina, feldespato y vidrio.

Atraídos por la historia, egiptólogos forasteros y turistas de antaño que llegaba a Luxor iban a visitarle. Recibió pocas atenciones por parte de Carter o Lord Carnarvon. Husein tuvo una vida normal; fue propietario de algunas tierras y se ganó la vida como capataz, coordinando las cuadrillas de las excavaciones, al igual que lo hizo su padre.

¿Conoces la leyenda de la maldición de Tutankamón?

Carter encontró en la recámara una pieza de arcilla con la siguiente inscripción: “La muerte golpeará con sus alas a aquel que turbe el reposo del faraón”.

A raíz del hallazgo de la tumba, una serie de misteriosas muertes azotó a algunos de sus descubridores y desenterradores: Lord Carnarvon murió en El Cairo cinco meses después del descubrimiento, por una neumonía ocasionada por la picadura de un mosquito en la mejilla izquierda, que parece ser que al afeitarse se le infectó la herida, causándole una septicemia que se extendió por todo el cuerpo; a los pocos meses de la muerte de Carnarvon, siguió la de su hermano Aubrey Herbert, también presente en la apertura de la cámara real; tampoco se salvó Arthur Mace, el hombre que dio el último golpe al muro que blindada la cámara donde se encontraba el sarcófago. Richard Bethell, uno de los ayudantes que clasificó los tesoros, se suicidó; de igual manera, tampoco se salvó de la maldición Sir Douglas Reid, el hombre que radiografió a la momia. Y, para rizar el rizo, dicen que al ir a hacer el examen a la momia, le encontraron una herida en la misma mejilla donde a Lord Carnarvon le picó el mosquito ¡Poca broma con la momia del faraón!

Sin embargo, Howard Carter, el principal implicado en la “supuesta maldición” murió en 1939 a los 64 años de edad por la enfermedad de Hodgkin, 17 años después de descubrir la tumba.

Y Husein falleció a los 84 años. Cuando le preguntaron, en 1992, si creía en algún maleficio contra las personas relacionadas con él, se limitó a decir, “¡Yo aún estoy aquí!”.

Pero, ¡Calma! Sobre estos sucesos, los científicos apuntan otras teorías: Los insectos o bacterias presentes en la tumba podrían haber acelerado la ya delicada salud de Lord Carnarvon; un estudio demostró que las momias antiguas pueden portar Aspergillus Níger y Aspergillus flavus, dos tipos de moho que ocasionan reacciones alérgicas (desde una simple congestión nasal a una hemorragia pulmonar).

¡Se acabo la calma! En 1970, como en las mejores películas de Agatha Christie, esto da un giro de guion… ¡Tutankamón debió entrar en brote volviendo a dejarnos a cuadros! Los rotativos egipcios desempolvaron la maldición después de que Mohamed Mahdi (jefe del Servicio de Antigüedades) muriera atropellado tras firmar el contrato para la primera exhibición internacional del ajuar de Tutankamón.

Hasta aquí́, mi intento de contaros las diferentes versiones ¿Cuál de ellas es la verdadera? ¿Quién crees que es el veraz protagonista merecedor del mérito del hallazgo? ¿El burro, el niño autóctono, Carter, todos, ninguno…?

Yo podría decir, “Solo sé que no sé nada” (de Sócrates) pero sí diré, o mejor dicho escribiré, que a mí la versión del niño, me gusta; alguien la tuvo que encontrar, ¿no? Y quién mejor que un niño que tropezó, o que jugaba con la arena. Pero, como “Pienso, luego existo” (de Descartes) creo que lo más lógico sería que la encontrara uno de los muchos obreros de la expedición tras días de suplicio peinando la zona, bajo un sol de justicia; la encontró, avisó al capataz (padre del muchacho) y éste, le concedió a su hijo el privilegio del hallazgo para que se llevara todos los honores. Esta deducción, ¿podría ser la verdadera…?

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roxana-esteve
Cantante lírica, actriz, dramaturga y RRPP de teatro. Debuté a los 14 años en Zarzuela, siendo la tiple cómica más joven de España, realizando mi carrera lírica con las principales compañías del país. Pasé al teatro clásico, perteneciendo durante quince años a la Cía. Titular del Teatro Español a las órdenes de Gustavo Pérez Puig y Mara Recatero. Comencé en el mundo de la dramaturgia con las obras “Aventuras en el jurásico”, “Los alumnos de Merlín” y “Vecinas”, Actualmente acabo de terminar mi primera novela “Dos mujeres sí pueden ser amigas”.

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