10 increíbles secretos ocultos en cuadros famosos

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¿Conoces los secretos que esconden algunos cuadros? A veces, los artistas añaden mensajes ocultos en sus obras, detalles interesantes que no son fáciles de ver a primera vista y que siguen siendo objeto de múltiples teorías.

Descifrar la complejidad de algunas pinturas y el sentir de un genio no va a ser fácil y más cuando ellos ya no están para confirmarnos si nos acercamos o alejamos de la realidad, pero en cualquier caso, ¡vamos a intentarlo! Algunas obras nos harán esbozar una sonrisa, otras… ¡No tanto!

1. Adoración de los Magos de Rogier van der Weyden

La iglesia de Santa Columba, en Colonia, tenía en su altar el tríptico (óleo sobre madera de roble), realizado por el pintor flamenco cuya tabla central es en la que nos vamos a centrar.

En esta pintura fechada alrededor de 1455 se representa la adoración de los Reyes Magos en la Anunciación y podemos comprobar las doctrinas del pintor, aprendidas del arte italiano.

La Virgen y el niño están levemente desplazados hacia la izquierda del cuadro, quedando en el centro el rostro del rey más anciano que besa los pies del recién nacido. Los tres reyes son blancos, y eso no es extraño puesto que la incorporación de un rey negro no se producirá hasta avanzado el siglo XV. Así, de este modo, los tres reyes no representan las tres escuelas de sabiduría correspondiente a los tres continentes: Europa (Grecia), Asia occidental (Israel) y África, (Egipto), sino que simbolizarían las tres edades del hombre.

La escena está dispuesta con un eje de simetría axial establecido en el pilar central de madera del pesebre donde en un segundo vistazo, vemos nada más y nada menos que un crucifijo… ¿Un crucifijo? Sí, han leído bien. El maestro Van der Weyden se tomó una enorme licencia sin precedentes, marcando con el crucifijo el terrible destino del niño Jesús, 33 años más tarde. Tremenda incoherencia, ¿no?

2. Autorretrato con la oreja vendada o El hombre con pipa de Vincent van Gogh

El óleo sobre lienzo fue realizado en Arlés, en enero de 1889.

El pintor holandés, uno de los principales exponentes del postimpresionismo, fue reconocido por obras maestras como La noche estrellada, Terraza de café por la noche, Los girasoles, Habitación de Vincent en Arles… Todos ellos, cuadros que influyeron notablemente en el siglo XX.

En este autorretrato el artista se representa en la habitación de la casa amarilla con su oreja derecha malograda. En realidad, se había cortado la oreja izquierda; la discrepancia se explica con el hecho de que van Gogh usó un espejo para recrear la imagen de sí mismo.

¿Vincent van Gogh mutiló su propia oreja? Aquel hecho, ocurrido antes de la Navidad en 1888, tiene dos teorías: en la primera, se dice que van Gogh se cortó la oreja en medio de una crisis mental, posiblemente bajo los efectos de la absenta (bebida de la que abusaba en exceso). Y así, en un delirio, cortó su oreja izquierda con una hoja de afeitar, la envolvió en un pañuelo, corrió a un burdel para entregársela a una prostituta y se fue, ¡Menudo “horribillis” regalito! Los caballeros de la época, ¿no acostumbraban a regalar flores? Pues bien, ella asustada, ¡lógico, pobrecita! fue a la policía que al ir a buscar a van Gogh a su casa, lo encontraron desangrándose y muy débil; la segunda teoría, cuenta que la perdió en una pelea con su colega Paul Gauguin tras una trifulca frente a un burdel. Ambos genios de la pintura se hallaban en estado de ebriedad y comenzaron a discutir debido a que Gauguin le pidió a van Gogh que se fuera con él a vivir a París, pero éste se negó a dejar Arles. Iniciaron una pelea y al momento de defenderse Gauguin le cortó la oreja a van Gogh, pero éste negó que Gauguin le cortara la oreja, posiblemente para no meter en problemas a “su amigo”.

¡Sea cual sea la teoría verdadera, las dos suculentas y misteriosas historias sin duda, se las traen!

3. El viejo guitarrista ciego de Pablo Picasso

Otro de los cuadros que hoy revisamos es este lienzo que nos muestra la triste imagen de un mendigo tocando la guitarra. En él predominan los característicos tonos azules del llamado Período azul de Picasso.

Algunas personas, observando el cuadro detenidamente, comenzaron a ver parte de la cara de “algo fantasmagórico” alrededor del cuello del guitarrista.

¿Qué esconde?  El paso del tiempo hizo que la pintura comenzara a decolorarse, lo cual permitió ver otras capas por debajo de la principal. En 1999, dos científicos del University College London consiguieron revelar con una cámara infrarroja el secreto oculto del lienzo: el retrato de una misteriosa mujer desnuda sobre un fondo azul. Se trata de un cuadro inédito del artista que el pintor decidió tapar reciclando el lienzo.

Yo, sinceramente he mirado y requetemirado y no he dado con ella, pero seguro que el periodista Iker Jiménez nos lo puede mostrar en uno de sus programas.

4. La ronda de noche de Rembrandt

O, deberíamos llamarla ¿La ronda de día? La obra de Rembrandt titulada en principio como La compañía militar del capitán Frans Banninck Cocq y el teniente Willem van Ruytenburgh, fue renombrada después como La ronda de noche. Durante la restauración, en 1947, se encontró una gruesa capa de hollín y después de una cuidadosa limpieza, ¡se hizo la luz! dejando en evidencia que los eventos reseñados en el engañoso título del lienzo ocurren al amanecer y no de noche.

¿Sabías que al fondo del cuadro se esconde la cara del propio Rembrandt, observándonos? Medio oculta en la pintura, el artista se coló mostrándonos un solo ojo e incluso, se representó con su famosa boina característica.

5. Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa de Jan van Eyck

También conocido como El matrimonio Arnolfini, es una de los cuadros más estudiados de la historia: los pliegues de las ropas, los detalles del candelabro, la talla de los muebles… Y sin embargo, todavía no está del todo claro su enigmático significado.

Fue en el año 1434, cuando el maestro Van Eyck realizó este famoso retrato de Arnolfini (un rico comerciante de seda), junto a su esposa Constanza, que murió un año antes de que se pintara el cuadro. Esto ha llevado a pensar que se trata de un retrato póstumo o alguna especie de homenaje de Arnolfini a su mujer, que se dice que podría haber muerto dando a luz.

Quien sepa que la mujer representada en el cuadro ya estaba muerta en el momento de su creación, reconocerá en los símbolos algo completamente diferente a los espectadores que lo desconozcan y crean que se trata de un feliz matrimonio que acaba de celebrarse.

Entonces, de repente todo cambia, y podemos observar que una vela está encendida sobre el candelabro del hombre a plena luz del día, mientras que la que está sobre la mujer permanece apagada o se ha apagado, al igual que su vida. El perrito que aparece en sus pies ya no sería símbolo de lealtad, sino de muerte, pues en la Edad Media era común tallar un perro pequeño en las lápidas de las mujeres ¡Calla, calla!

Pero no podemos pasar por alto el espejo más fascinante jamás pintado; todo un mundo en una circunferencia de apenas 5 cm de diámetro donde se refleja toda la escena al espectador. Van Eyck creó un viacrucis en su marco, pero la parte más fascinante del espejo no es el mismo, sino su reflejo que ha creado más preguntas que respuestas.

Si se fijan detenidamente verán que los objetos reflejados sufren una distorsión y las líneas rectas se curvan debido al fenómeno que el artista crea pues nos encontramos ante un espejo convexo. Gracias al  recurso del espejo, que dos siglos  después también utilizó el “maestro de los maestros” Diego Velázquez en Las meninas, el artista introdujo en la pintura a otros dos personajes que se encuentran fuera de la escena principal: a través de él, podemos ver a dos figuras entrando en la habitación ¿Podrían ser el sacerdote y el testigo, indispensables para celebrar la ceremonia? O ¿Era el propio pintor con algún amigo o familiar del matrimonio? 

Otro detalle que no pasa inadvertido, es la elaborada firma del propio pintor flamenco en la pared del fondo, sobre el espejo. La traducción exacta de “Johannes van Eyck fuit hic, 1434″ dice: Jan van Eyck estuvo aquí, 1434. Pues a mí me da el pálpito, que puesto que la firma la colocó encima del espejo, me inclino por que una de las figuras que aparecen reflejadas es la del propio Van Eyck.

En la actualidad, el cuadro está  expuesto en la National Gallery de Londres.

6. Los proverbios flamencos o El mundo al revés de Pieter Brueghel el Viej

Este óleo sobre tabla de roble de 1,17 m x 1,63 m, está compuesto por más de cien proverbios o refranes flamencos de la época, ocultos en esta pintura de 1559, que se exhibe actualmente en la Gemäldegalerie de Berlín, Alemania.

El Museo Estatal de Berlín identificó la gran mayoría de los proverbios, pero la pintura rebosa de referencias y algunos, podrían no entenderse y quedar ocultos. Otros, son expresiones que aún se usan, incluso en nuestro país, por ejemplo: ‘Nadar a contracorriente’, ‘Ponerle el cascabel al gato’, ‘Bostezar frente al horno’, ‘Quien mucho abarca, poco aprieta’, ‘Estar armado hasta los dientes’, ‘El pez grande se come al chico’, ‘Golpearse la cabeza contra un muro de ladrillo’, ‘Tener el mundo girando sobre tu pulgar’, ‘Querer matar dos moscas de un golpe’, ‘Tanto va el cántaro al agua (la fuente), que al final se rompe’, ‘Echar rosas (margaritas) a los cerdos’, ‘Ponerle una vela al diablo’… Todos están representados con gran maestría, tratando hasta el más mínimo detalle.

Las pinturas de Brueghel tratan los temas de lo absurdo, las debilidades o las locuras humanas, siguiendo la tradición de El Bosco. Brueghel en este cuadro no sólo pretende representar una colección de proverbios, sino más bien hacer un estudio de la estupidez humana. 

7. La última cena de Leonardo da Vinci

Sin duda, el mural de 460 cm. de alto por 880 cm. de ancho, es uno de los cuadros más enigmáticos de la historia del arte. Realizado con el invento de Da Vinci al mezclar el temple y el óleo sobre dos capas de preparación de yeso, fue pintado entre 1495 y 1497 en el convento de Santa Maria delle Grazie, en Milán cómo un encargo del duque Ludovico Sforza para una de las paredes del refectorio de los monjes dominicos.

Muchos creen saber los secretos más profundos y oscuros de esta obra, pues La última cena fascina, divide y da pie a la especulación como la que hizo Dan Brown en su novela El Código Da Vinci sobre que la figura sentada a la derecha de Jesús (izquierda de la persona mirando el cuadro), no era la de San Juan, sino la de María Magdalena, con la cual, “supuestamente” habría tenido descendencia. 

El famoso mural nos muestra a Jesús, acompañado de sus discípulos antes de realizar la Eucaristía por primera vez, y en ese instante les revela que sería traicionado por uno de sus doce discípulos. Esta noticia, obviamente, trastornó el transcurso de la cena y el ánimo y la consternación de “casi” todos los apóstoles queda patente en la escena.

Curiosamente, si volvemos a ojear y analizamos con detenimiento la escena, es cierto que los discípulos parecen estar en una actitud inquieta, de sorpresa o airada, excepto Jesús y Juan, que se encuentran en un estado calmado y sereno.

Según unos textos del mismo Da Vinci, los personajes bíblicos serían los siguientes de izquierda a derecha: Bartolomé, Santiago el Menor, Andrés, Judas Iscariote, Simón Pedro y Juan; Jesús ocupa el centro de la escena; a continuación, se ve a Tomás, Santiago el Mayor, Felipe, Mateo, Judas Tadeo y finalmente, en extremo derecho Simón el Zelote.

Algunos expertos han postulado que el propio Leonardo Da Vinci se pintó a sí mismo en el rol del apóstol Judas Tadeo. Otros, defienden que la figura de Simón el Zelote estaría basada en el filósofo Platón.

Por extraño que parezca, en La última cena existen también otras peculiaridades, como que no se ve ningún cáliz sobre la mesa, un nudo que aparece en un extremo del mantel, Simón Pedro empuñando un cuchillo en una de sus manos…

8. El torero alucinógeno de Salvador Dalí

Se trata, una vez más, de un cuadro codificado de Dalí y, sin duda, una obra digna de admirar detalle a detalle, en el que aparecen muchas de las imágenes fetiches, favoritas del ‘Divino’ pintor: el toro, Manolete, el rostro de Gala, Lorca, René Crevel, las bolas atómicas, el escuadrón de moscas

Torero alucinógeno es un lienzo de  cuatro metros de alto y casi tres de ancho que juega a las dobles imágenes a través del método plástico de la paranoia-crítica; de esta forma, se produce un conflicto entre cómo es la realidad y cómo quiere el paranoico que sea, por lo cual cada espectador verá unas u otras realidades en éste y otros muchos “engaños a los ojos” de los cuadros de Dalí.

Dalí creó esta composición a raíz de una curiosa anécdota

Todo comenzó al contemplar una caja de lápices, concretamente un estuche de la marca Venus Esterbrook (proveedores de la reina británica y sus bolígrafos fueron utilizados por los presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson para firmar la legislación) que fue el “culpable” de disparar la imaginación de Dalí al recordarle el rostro de un matador de toros enmascarado en la Venus de Milo que ilustraba la caja.

Nada menos que un año trabajó en la tela en la que situó en el centro a la sugerente escultura griega, presente en la obra más de una decena de veces y fue dotando a muchas de ellas de daliniana e ingeniosa interpretación.

La Venus central: cubrió su tronco de una tela verde y blanca formando el corbatín de un torero y sobre éste representó el mentón, la boca y la nariz del rostro del legendario matador de toros Manolete ¿Lo vieron? ¡Quién lo diría!

La Venus envuelta sobre la tela roja: sobre ella plasmó la imagen agonizante del torero cuando tras su terrible cogida en Linares, le sacaban en brazos hacia la enfermería.

El cortejo de estatuas de la diosa Venus, comienza de frente y luego de espaldas, donde poco a poco se acaba desvaneciendo en la plaza, no sin antes convertirse en un diestro en el cual se reflejan dos fantasmas: el de García Lorca y el de Salvador Dalí Doménech, hermano y homónimo suyo, muerto nueve meses antes de que él naciera, del cual sus padres ansiaban que fuese su reencarnación. A la vez, Dalí hace un homenaje en el torero muerto del cuadro, como si ésta fuera una especie de estatua funeraria o panteón de la amistad, donde también lo identifica con René Crevel, el príncipe Alexis Medivani, el actor Pierre Bacheff, John F. Kennedy y Robert Kennedy, todos ellos fallecidos en la primera o en la segunda juventud.

Según palabras del pintor catalán, “el torero es la suma de todos los jóvenes amigos que quedaron atrás y penetraron en el reino de la muerte”.

En la intrigante pintura, la figura del niño vestido de marinero que aparece en la esquina inferior derecha está copiada del cuadro de 1932 El espectro del sex-appeal, donde el propio Dalí se representa a sí mismo en una imagen de su niñez. El pequeño Dalí, observa las Venus gigantes y pequeñas, las rosas, el iluminado rostro de Gala con los ojos cerrados que parece no querer ver lo que está sucediendo, las horribles moscas que se lanzan como en escuadrilla sobre él… Moscas a las que el artista llamaba “las musas del Mediterráneo”, y puede que por la fobia que sentía hacia los insectos, se instalaron en su subconsciente y en muchas ocasiones en sus lienzos.

La roca próxima a la izquierda inferior de la tela toma forma de cabeza de toro que surge tras los característicos átomos del pintor, coronado por banderillas, y en su agonía clava el morro en la arena, que en vez de un charco de sangre, Dalí nos muestra las aguas cristalinas de una cala cercana a Cadaqués… Si pueden ampliar la playa, podrán alucinar con la diminuta imagen que aparece entre las aguas ¡Gala tomando el sol desnuda, sobre una colchoneta hinchable de playa!

En definitiva, un mundo caótico y alucinógeno visto por un genio sin igual de la imaginación y el desvarío.

9. La Capilla Sixtina de Miguel Ángel

La obra titánica fue un encargo del Papa Julio II. El artista tardó cuatro años en terminar la bóveda de la capilla (desde 1508 hasta 1512), en la Ciudad  del Vaticano, creando una obra de arte sin precedentes.

En los nueve paneles centrales se hallan representadas las Historias del Génesis, desde la Creación hasta la Caída del hombre, el Diluvio y el nuevo renacer de la humanidad con la familia de Noé.

Su belleza y dimensiones la convierten en una enorme y gran obra de arte pero, ¿Oculta algún secreto? El principal se encuentra en el panel más famoso de la obra, donde se representa ‘La creación de Adán’ y vemos a Dios rodeado de ángeles envueltos en un sudario. Presta atención y verás que el sudario tiene las proporciones de un cerebro humano. Se sabe que Miguel Ángel era experto en anatomía humana y que había trabajado diseccionando cuerpos en el cementerio de una iglesia durante su juventud. Para algunos expertos este detalle simboliza que Dios no sólo dotó de vida a Adán, también le dio inteligencia y conocimiento.

El Juicio Final, también creado por Miguel Ángel, fue concebido para engañar al ojo del espectador creando una ilusión óptica; parece que la obra se inclina ligeramente hacia el espectador en su parte más alta, infundiendo así a los súbditos cierto temor y respeto ante el poder de Dios.

Antonio Paulocci, que fue director de los Museos Vaticanos en Roma durante más de 9 años, confirmó como veraz el autorretrato de Miguel Ángel en la piel desollada de San Bartolomé en El Juicio Final.

El cardenal Biagio da Cesana, con una mente muy sucia, fue uno de los hombres que más criticó la obra de Miguel Ángel, por la cantidad de desnudos que aparecían en ella. Al final, se cubrieron las partes más escandalosas con “paños de pureza” y además, se hizo con óleo, siendo imposible la recuperación del original. El insensato encargado de profanar semejante obra de arte fue Daniele da Volterra que desde entonces, fue rebautizado como “Braghettone”.

El pintor italiano, como venganza, utilizó su arma más poderosa: el arte. Usó el rostro del cardenal en el cuerpo de Minos, el juez del infierno y lo pintó como Dios lo trajo al mundo y con orejas de burro.

Tres visitas a la obra cumbre de Miguel Ángel Buonarroti me permiten decirles que suele ser un tanto atropellada: los guardias que te reciben a la entrada de la capilla insisten contundentes, ¡Vietato fare foto! ¡No photo!

Si quiere capturar una foto de la Capilla Sixtina, ¡piénselo bien! porque es uno de los lugares en los que está prohibido sacar la cámara o hacerse un selfie, al igual que es ilegal en la Abadía de Westminster en Londres, en La Meca o con el David de Miguel Ángel, entre otros. Y en el instante en que uno saque su móvil y pretenda hacer una fotografía, en un santiamén tendrá a un vigilante de seguridad con cara de pocos amigos, exigiendo que lo guarde ipso facto.

En principio, se pensaba que la razón fundamental detrás de la prohibición podría ser que el flash de las cámaras puede dañar los trabajos de restauración de las pinturas. A pesar de que hay algo de cierto en la medida, puede que no sepas que la peculiar restricción proviene desde 1980 y la razón es otra: la productora Japón Nippon TV (NTV), financió 4,2 millones de dólares en el multimillonario proyecto de reparación de los murales a cambio de tener la exclusividad en las imágenes fotografías y videos que se realizaran en la capilla durante tres años después de la finalización de la operación.

Se tardó casi 20 años en completarse y aunque la cesión de derechos terminó hace 29 años, y Nippon TV dejó de tener primacía, la restricción quedó en el aire. Sin embargo, el Vaticano decidió mantener un control minucioso sobre la toma de fotografías en el espacio, favoreciendo apreciar la belleza del recinto y de silencio que debería de guardarse en un espacio sagrado.

10. Las meninas de Diego Velázquez

Esta obra maestra de Velázquez es sin duda, la joya de la corona del Prado. Adentrémonos juntos en esa estancia del Alcázar de Madrid en el año 1656, donde se pintó el cuadro en un ambiente familiar e íntimo de la realeza. Allí, Velázquez con su magnífica instantánea pictórica elimina como por arte de magia la barrera que separa la obra y el espectador.

La obra se titulaba La familia de Felipe IV, pero el rey en principio no parece ser el protagonista. Si nos fijamos bien, el pintor sí podría ser el personaje principal de la obra, pero… Y digo yo… ¿A quién pintaba Velázquez? ¿A la infanta Margarita y sus meninas? ¿A los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, que aparecen reflejados en el espejo? ¿A sí mismo? O ¿Intenta capturar a todos los espectadores que cada día se detienen hechizados frente a él?

La palabra “menina” significa “niña” en portugués, y se usaba entonces en España para referirse a las cuidadoras de los hijos de la familia real.

En principio, se intuye que ambos reyes que se encuentran delante del pintor, podrían estar posando para él. Pero hay quien afirma que Velázquez pinta en realidad a las propias meninas, solo que en ese momento, aparecen los reyes a contemplar la escena y por ello, el espejo capta su imagen. Así que, en realidad y según ésta última teoría, lo que aparece en el enorme lienzo, del que solo vemos su trasera, serían Las Meninas dentro de Las Meninas ¡Deslíate! Lo que estaría pintando Velázquez es la misma pintura que nosotros vemos ¿No?

Curiosamente, tenemos a la infanta Margarita, como centro de atención del cuadro, rodeada por dos meninas que la atienden: María Agustina Sarmiento de Sotomayor (hija del conde de Salvatierra), que le ofrece un búcaro de agua, e Isabel de Velasco (hija del conde de Fuensalida). También  están pendientes de la escena los enanos Mari­ Bárbola, y el travieso Nicolasito Pertusato, que no es otro que el bufón que propina un puntapié a Salomón, un enorme mastín cierra sus ojos, cansado de las constantes trastadas del pequeño.

Detrás, en un segundo plano, están Marcela de Ulloa, guardadamas de honor, y a su lado el mentor Diego Ruiz Azcona, que años después fue albacea testamentario de Velázquez. A Marcela de Ulloa, viuda de Diego de Peralta Portocarrero, la representa vestida de dueña, con la característica toca de viuda.

Al fondo José Nieto Velázquez, chambelán de la reina de España, guardián de los tapices reales y “abrepuertas” del palacio se presenta con la rodilla doblada y los pies apoyados en diferentes escalones, detrás de una puerta abierta y aunque su postura no  determina si entra o sale de la sala, quizá acabe de abrir la puerta, permitiendo a los reyes su acceso.

Nos quedan los reyes reflejados en un espejo y finalmente, mi admirado Velázquez paleta en mano en el lado izquierdo de la escena y con la suficiente valentía de representarse a sí mismo ejerciendo su oficio, a punto de mojar su pincel… Pero claro, al ocultar su cuadro te abre otra incógnita… ¿Nos mira? ¿Mira a los reyes?

Entonces, lo observas de nuevo y se convierte en juego que no tiene fin y nos volvemos a preguntar: ¿Qué es este cuadro? ¿El primer “selfie” de la historia? ¿Un retrato colectivo? ¿Una alegoría para dignificar y reivindicar el oficio del pintor? ¿Los verdaderos protagonistas podrían encontrarse fuera del cuadro? ¡Qué locuraaaa!

Se desconoce la verdadera identidad de quién fue el autor que añadió sobre su pecho la famosa cruz de la Orden de Santiago. Le fue concedida poco antes de morir, cuando el cuadro ya llevaba tiempo terminado. Algunos dicen que su Majestad mismo se lo pintó, aunque también pudo ser el propio Velázquez, antes de su muerte en 1660.

Y digo yo, entre tantas interpretaciones… Si viviera Velázquez, ¿Qué diría de todo esto? Nos diría quizá, ¡Eureka, lo han descubierto! O por el contrario, ¿se reiría a carcajadas por interpretaciones tan locas?

Lo cierto es que el cuadro de Las meninas del artista sevillano te atrapa con su magnetismo mientras lo observas, olvidándote del resto del mundo.

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Cantante lírica, actriz, dramaturga y RRPP de teatro. Debuté a los 14 años en Zarzuela, siendo la tiple cómica más joven de España, realizando mi carrera lírica con las principales compañías del país. Pasé al teatro clásico, perteneciendo durante quince años a la Cía. Titular del Teatro Español a las órdenes de Gustavo Pérez Puig y Mara Recatero. Comencé en el mundo de la dramaturgia con las obras “Aventuras en el jurásico”, “Los alumnos de Merlín” y “Vecinas”, Actualmente acabo de terminar mi primera novela “Dos mujeres sí pueden ser amigas”.

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